8 de febrero, 2007
A como están las cosas, supongo que el único libre de todo interés soy yo. Habiendo estudiado filosofía, carente de toda inteligencia para los negocios, para nada apegado a los bienes materiales, poses de imagen, ansias de poder o reconocimiento público y sin ningún afán de salvador, me declaro por encima del bien y del mal, abandonado a mi propia soledad; libre de intereses.
No sucede lo mismo con el diputado Oscar López. Dado que es una persona con discapacidad visual, renunciará a participar en cualquier debate legislativo relacionado con la promoción de los derechos de las personas con discapacidad. José Merino, habiendo sido profesor en un colegio, renunciará a cualquier asunto afín con la educación.
Con esa misma lógica, los diputados del PAC, autoproclamados permanentes ejemplos para los demás, serán consecuentes con ellos mismos. De aquí en adelante, por ejemplo, en tanto consumidores, renunciarán a cualquier iniciativa en favor de la defensa de sus derechos.
Sadie Bravo, química, presentará su renuncia inmediata a la Comisión de Ciencia y Tecnología. Elizabeth Fonseca y José Rosales, docentes universitarios, se abstendrán de participar en cualquier debate relacionado con la educación superior. Nidia González, profesora de secundaria, desistirá a cualquier cuestión asociada con la educación. Orlando Hernández, médico de la CCSS, no participará en ningún asunto concerniente a la salud.
Rafael Madrigal y Grettel Ortíz, abogados de profesión, renunciarán a la Comisión de Asuntos Jurídicos. Francisco Molina, empresario en la venta y distribución de productos de limpieza, jamás volverá a participar en cualquier asunto relacionado con la promoción de la pequeña y mediana empresa.
Andrea Morales, con 26 años de edad, hoy mismo renuncia a impulsar cualquier proyecto que favorezca a la juventud. Olivier Pérez, habiendo sido funcionario del Poder Judicial, debió haber renunciado y renunciará a los futuros nombramientos de miembros en las Salas de ese Poder. Patricia Quirós, funcionaria del SENARA, renunciará a todo debate sobre el agua. Marvin Rojas, empresario de la carne, no asistirá más a la Comisión de Asuntos Agropecuarios y Recursos Naturales.
José Joaquín Salazar, funcionario del CNP, se debió abstener y se abstendrá sobre el futuro de esa institución. Ronald Solís, cooperativista, no influirá en el futuro debate sobre la ley de ese sector. Lesvia Villalobos para nada intervendrá en el debate sobre el adulto mayor y doña Leda Zamora, funcionaria del ICE, se mantendrá al margen sobre el futuro de esa institución..
¿Y Alberto Salom, a qué renunciará?
No dejarán mentir conocidos de los fenecidos Partidos Vanguardia Popular y Movimiento Revolucionario del Pueblo, cuando rememoro la fama de pequeños burgueses que tenían aquellos del Partido Socialista, Alberto Salom incluido. De hecho, aquella canción de Silvio Rodríguez, "qué fácil es...", era como una especie de sello propio de aquellos, los camaradas democráticos de entonces.
Quienes conocieron a Alberto Salom en aquella época, tampoco dejarán mentir que algo de aquel tufillo aún queda por ahí. Como actual diputado, irresponsable, lanzando dardos desde su cúpula imperial, con suficiente galillo para ensuciar, enlodar y, aún así, mantener su imagen de presunta seriedad y presunto respeto de la legalidad y la institucionalidad.
En medio de tanto párvulo y párvula, Alberto Salom lleva a la Fracción Legislativa del PAC, compuesta por gente buena que prometió seriedad, hacia el aislamiento parlamentario, mediante tronadoras bombetas, de las de verdad. Pasando por estratega cuando a lo sumo llega a panteón de errores pasados.
Fanático de bolsillo, conduce a sus compañeros de bancada a un futuro de caos, donde terminarán acorralados por acontecimientos para nada agradables y completamente desconocidos para ellos, que Salom conoce pero que, fiel a su viejo estilo, los omite y los esconde, en medio de su propio egojuego.
Alberto Salom no renunciará a nada. Imbuido en su aura redentora y dispuesto a cumplir sus propios sueños mesiánicos, no parará hasta que sea tarde, demasiado tarde. En ese momento, sin siquiera sonrojarse, sin poner atención a sus propias responsabilidades presentes, no tendrá el menor empacho en llamar a la calma y la serenidad, cual quijote de supuestos ideales democráticos, pero sanchopanza de intereses autoritarios.
Para entonces, el daño estará hecho por completo, aún más del que hoy produce, con su lengua viperina, sin importarle nada ni nadie, oportunismo encarnado desde siempre.