jueves, 29 de junio de 2006

Un dirigente sindical

Fabio Chaves

Conocí a Fabio Chaves, vetusto y vitalicio dirigente sindical de ASDEICE, a finales de los ochentas. Ha pasado mucho tiempo desde entonces; don Fabio sigue en lo mismo y yo, bueno, yo he recorrido diversos caminos, no solo políticos, sino, sobre todo, de los otros, los personales.

Sobre aquellos caminos, los políticos, recientemente me escribió don Fabio, parece, un poco molesto. En el primero, me dijo: "Sos sorprendente, ayer en la izquierda, después en el PUSC y hoy con los fascistas del ML, o sea todo un mercader ideológico, te felicito por esa capacidad de cambiar tus valores ideológicos". En el segundo, "En ASDEICE detestamos a los traidores como usted que se venden al mejor postor o al Movimiento Libertario"

"Mercader ideológico" es una grave acusación. Significa que vendí mis ideas, que sacrifiqué metaprincipios y que puse precio a mis principios éticos y a mis decisiones. Parece que don Fabio conoce algo más de mi vida de lo que yo mismo sé. Poderes sorprendentes que van más allá de la sabiduría humana. Sin saberlo, estamos al frente de Fabio: un Sabio Revertido, es decir, el que sabe sin saber. Fabio Sabio Revertido sabe que soy un “mercader ideológico” pero no conoce nada de mi vida, absolutamente nada, salvo sus propios prejuicios.

Miro para atrás y no veo nada de que avergonzarme; nada que no haya obtenido con mi propio esfuerzo; a puro pulso; sin ninguna concesión más que a mi propia conciencia, asumiento, por aquí y por allá, las consecuencias de mis actos; muy alejado de la cómoda quietud de un vetusto y vitalicio dirigente sindical que, según recuerdo, alguna vez enarboló la bandera de la renovación de la dirigencia sindical costarricense; desde entonces, al menos, 16 años han pasado.

Parece que estoy en un grave aprieto en este debate. Por un lado, el poderoso Fabio el Sabio, que lo sabe todo, de todos; que lo aprehende todo; que lo sintetiza todo; todo. Por otro, yo, tan cotidiano como cualquier otro, no desarmado, es cierto; incluso con mis pequeñas ventajas acumuladas en mis propias decisiones, de mi propia vida, provenientes, acaso, de esa cierta gracia que le encuentro a cierto tipo de soledad, curtida por la permanente exigencia de ser fiel a mí mismo, conmigo mismo, sin necesidad de sabios revertidos que pretendan juzgarme y ubicarme, en uno u otro lado de su maniático maniqueísmo.

Además, la sabiduría de Fabio el Sabio es conservadora y peligrosa. En criterio de Fabio el Sabio, las personas nacen, se desarrollan y mueren, de la misma manera, con las mismas ideas. A eso se le conoce como “naturalismo teórico”, es decir, la absoluta inmovilidad. En realidad, a Fabio el Sabio no le gusta que las personas piensen diferente o, simplemente, cambien de opinión. Supone y le agrada que pensemos lo mismo, es decir, que todos pensemos lo mismo, siempre lo mismo. Por esta vía, el maniático maniqueísmo se transforma en antesala de absolutismo, sin olvidar, claro, que dentro de los sinónimos de “totalitarismo”, se encuentran “absolutismo” y “fascismo”.

Aún quedaría pendiente el debate de las ideas, por ejemplo, asociadas a “izquierda” y “fascista” que, de paso, me permitiría rememorar lo que escribí en los noventas, en un pequeño libro. En aquella oportunidad expliqué mi alejamiento de la imagen newtoniana del mundo, en particular del marxismo clásico, es decir, para precisar, de la obra de Marx y Engels y mencioné, de paso, que me sentía bien, racionalismo crítico poperiano de por medio, “en los más recientes aportes místicos-científicos derivados de la llamada Conspiración de Acuario”, lo que me llevó, entre otros, a…, pero esa sería otra historia. Y está lo del siglo XX, pero esa, también, es otra historia. De cualquier manera, en las fiestas, me presento así: "Conceptualmente, me inserto en la perspectiva de Karl Popper, Fritjof Capra y Alan Watts. Pertenezco al Movimiento Transhumanista y soy ciudadano de la República Transnacional". Pero no sé si eso será de izquierda, derecha, arriba, abajo, boca abajo, boca arriba, de pie o lo que sea. Tampoco me importa.

Antecedentes de por medio, jamás evadiría un debate teórico que combine argumentos basados en teorías y hechos (los mundos uno y tres, en el contexto poperiano -por aquello de la precisión conceptual). No prejuicios ni mala vibra. Es cuestión que don Fabio lo disponga.

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